El hombre de la ruta: el terror inquietante de Diego Alberto Nuñez

Hay historias que nacen de una imagen imposible de olvidar. En El hombre de la ruta, esa imagen es una figura que corre en la oscuridad, a la par de un automóvil, desafiando toda lógica. A partir de ese punto de partida, Diego Alberto Núñez construye una novela inquietante, donde el misterio, los documentos ocultos y los secretos enterrados se entrelazan en un relato que avanza como un expediente prohibido.
En esta entrevista, el autor revela sus influencias, su proceso creativo y los elementos reales que dieron forma a una historia pensada para incomodar, atrapar y no soltar.
Cuéntanos de ti, ¿cuál es tu proceso a la hora de escribir?
En mi caso, el proceso de escritura puede llegar a tomar un tiempo quizás demasiado extenso, porque, justamente, el tiempo no es algo que me sobre. Siempre escasea. Y puede llegar a ser algo frustrante, por supuesto. Pero continuo, media hora al día, una hora, quince minutos. Y la creación fluye, crece y toma forma, siempre. Son aquellos momentos nocturnos los que más dedico a la escritura. Generalmente, durante mi horario laboral, creo imágenes en mi cabeza, tramas, ideas, personajes, para luego llevarlas al teclado.
¿Cuáles dirías que son tus principales influencias?
El Maestro de Providence, H. P. Lovecraft, por supuesto; F. Paul Wilson, uno de los primeros autores de terror que leí, a mis doce años; También Clive Barker y Brian Lumley con sus Crónicas Necrománticas, entre otros. Pero no solo me gusta escribir terror: la ciencia ficción de H. G. Ballard es una fuente de inspiración para mis relatos de este estilo. Y las aventuras también, con el genio de Clive Cussler a la cabeza. También puedo citar como influencias al cine de John Carpenter y George Romero, además del terror italiano de la mano de Lucio Fulci, Dario Argento y Michelle Soavi
En cuanto a El hombre de la ruta, ¿cuál fue la primera imagen/escena que tuviste clara: la ruta, el pozo o el pueblo?
La primera imagen fue la de la criatura corriendo a la par del automóvil, en la oscuridad de la ruta. Y el protagonista, sabiendo que no debe detenerse en ese lugar y rogando que nada ocurriese con su vehículo en ese momento. Todo esto tiene como base una historia referida por mi abuela cuando, durante un viaje familiar a la costa bonaerense, fueron partícipes de un encuentro con un ser de formas extrañas. Al menos es lo que ella aseguró haber visto.

El hombre de la ruta es una novela que utiliza recursos como transcripciones, registros o documentos que conforman un expediente misterioso, ¿qué fue lo que te llevó a utilizar estos recursos?
Me gustan los relatos que no son lineales, aquellos que van y vienen entre el pasado y el presente. A pesar de que pueden haber caído en desuso, los «diarios personales» siguen teniendo un valor extraordinario frente a lo digital. El papel perdura, puede tocarse, olerse, muchas veces impregnado con el aroma del momento en el que fue escrito, como un perfume, por ejemplo. Por eso el protagonista todavía los utiliza. Imaginemos un diario íntimo o un cuaderno de viaje hallado cincuenta, cien años después de haber sido escrito, sin saber a quién perteneció, con un detallado relato fantástico, o incluso macabro o terrorífico, ¿puede haber algo más atrapante que el intentar descifrar el misterio de sus páginas?
¿Cómo diseñaste el triángulo de lugares (San Filiberto / el pozo-Villa Herrmann / Ciudad Campanario)?
En el caso de San Filiberto, quería que fuera un pueblo del interior, pequeño, pero con todos los servicios necesarios. En sus calles de vida acostumbrada a la tranquilidad, sus habitantes son aquellos que saben lo que ocurre «más allá», pero ya no les importa porque «aquello» dejó de ser una amenaza, al menos para ellos. Pero algunos todavía recuerdan y no olvidan. El pozo representa el horror oculto, la puerta al infierno, a lo desconocido, invisible y a resguardo de los ojos curiosos, abierta por unos pocos elegidos. Y refugio perfecto para otros tantos que buscan pasar desapercibidos. En cuanto a Campanario, es la ciudad grande, con centros comerciales y rebosante de vida, con lujos y miserias, luces brillantes y callejones sombríos. Y, claro, secretos tenebrosos.
¿Qué destacas del protagonista y de los personajes que crean la atmósfera de la historia?
Maximiliano, el protagonista, es un joven curioso, tal vez un poco impulsivo. Cuando algo se le pasa por la cabeza, tiene que hacerlo, no puede esperar. Y eso lo lleva a situaciones que terminarán afectándolo, como ocurrió con su abuelo. En la relación entre ambos quería plasmar las clásicas «historias de abuelos», donde uno nunca sabía si estas eran ciertas o solo cuentos para entretener a nietos inquietos. En el pozo conviven otros personajes, algunos que llegaron ahí escapando de las grandes ciudades, encontrando refugio quizás en el peor lugar del mundo, pero que, irónicamente, se terminó convirtiendo en el sitio más seguro que podían hallar.
¿Qué papel desempeña la historia real en la ficción? ¿Hubo mucha investigación para darle verosimilitud a la fundación del pueblo?
El mundo siempre estuvo al tanto de lo que ocurrió en estos lugares tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Las historias de cientos de oficiales y partícipes del gobierno alemán que arribaron al país son bien conocidas, así como el hallazgo de restos de submarinos del mismo origen encallados en nuestras costas. Todo eso, sumado al mito del ocultismo relacionado a los altos jerarcas nazis, fue utilizado para crear esta historia, mucho más «ornamentada», por supuesto.
¿Cómo crees que funciona el miedo en la literatura? ¿Qué otras emociones crees que evocará la historia en los lectores?
Cuando somos chicos, son las historias de terror las que dejan mayores marcas en el lector u oyente. Recuerdo reuniones familiares donde se relataban historias de fantasmas o de casas embrujadas y el miedo profundo que me causaban, el cual podía durar días. No poder dormir era común tras escuchar esos relatos. Y las recuerdo todavía, después de tanto tiempo. Quiero que mi historia no solo provoque miedo en el lector, sino también incertidumbre, deseos de seguir leyendo para poder saber qué pasó con el protagonista.
¿Qué es lo que más disfrutaste de escribir este libro?
¡Todo el proceso! Armar la historia, reunir las distintas entradas del diario del protagonista y las transcripciones de las entrevistas para que tuvieran correlación y sentido. Realmente lo disfruté, a pesar del poco tiempo que puedo dedicarle a la escritura.
¿Cuáles son tus planes a futuro? ¿Ya tienes otras historias en mente? ¿Piensas dedicarte exclusivamente al terror?
Tengo en mente la publicación de una antología, no solo con cuentos de terror, sino también de ciencia ficción. Además, tengo finalizada una novela, la cual está en etapa de revisión y reescritura. En ella mezclo distintos géneros, como la aventura, el «coming of age», misterio, suspenso y, por supuesto, terror.
¿Algún mensaje para los lectores interesados en leer El hombre de la ruta?
¡Disfruten de la lectura! Espero que en las páginas encuentren el entretenimiento, el suspenso y el miedo que intenté plasmar. Y, por supuesto, un enorme agradecimiento ante su interés.
El hombre de la ruta no es solo una historia de terror: es una experiencia que juega con la incertidumbre, la memoria y aquello que permanece oculto más allá de lo visible. Si te atraen los relatos que combinan suspenso, atmósferas inquietantes y un misterio que se revela pieza a pieza, esta novela es para ti.
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