Nico Jorge presenta Animaladas, una antología de cuentos salvajes

Conversamos con Nicolás Jorge, autor de la antología de cuentos Animaladas. Llegó el momento de hablar sobre esta obra salvaje y cruda que nos muestra el lado más primitivo de los seres humanos.

Antes que nada, cuéntanos un poco sobre ti y tu camino a convertirte en autor.

Vengo del mundo publicitario (estudié marketing y publicidad) y soy redactor creativo. Probablemente, ese sea el gen de mi interés por contar historias. Sucede que en el ámbito publicitario las historias que cuento no son mías. Sí los conceptos, sí las creaciones e ideas, pero sesgadas por un objetivo comercial mandatorio. Es tentador pensar que muchas publicidades son creatividad por la creatividad misma, no obstante, las reglas, el marco de contención y cada decisión son fundadas en un objetivo de comunicación muy preciso.
En mi caso personal y en este primer libro en particular, mi camino a convertirme en autor es completamente accidental. Y quizás sea eso, lo que más me gusta.
A principios de 2023, y con el objetivo de seguir sumando herramientas para mi labor en guiones publicitarios, hice un taller de redacción con Matías Lebrante que destrabó herramientas e intereses aún no explorados (puntualmente, técnicas narrativas).
Una vez terminado ese taller, descubrí que escribir ficción es un gran patio de juegos. Es meterte en una peli donde plano a plano vas decidiendo vos mismo qué va a pasar.

¿Cómo crees que influyen tus conocimientos sobre marketing (publicidad, guion publicitario) en tu faceta de escritor?

Quizás tenga algunos vicios publicitarios ya cristalizados que fueron funcionales a la hora de escribir cuentos. El más evidente es el de la extensión. Por default, pienso en formatos acotados: un spot de 45 segundos, una gráfica visual con un breve titular, un eslogan de dos o tres palabras, etc. Por eso, seguramente en esta instancia sean cuentos cortos lo que me nazca con mayor naturalidad. Hay quienes dicen que es loable la capacidad de síntesis. Yo, personalmente, admiro a quien tenga la capacidad de escribir una novela de 400 páginas. Me resulta muy complejo pensar cómo hacen para engranar todos los elementos en un terreno tan grande y sostenerlo durante tanto tiempo. Cómo crear el arco de los personajes, cómo repercute un hecho puntual en el resto de la historia.
Desconozco cuál es el camino correcto o la forma que le sirve a otros autores para escribir un cuento, pero, en mi caso, empleo un método que conserva un par de preguntas iniciales y decisiones de estructura que me sirven de esqueleto y cimiento para poder escribir en un terreno previamente desmalezado. Son preguntas disparadoras que me hago para crear un guion publicitario que, análogamente, son trasladadas al campo de las historias.

Si publicitariamente me pregunto ¿qué quiero decir de qué? (por ejemplo, qué bondad del producto quiero destacar), a nivel ficción me pregunto ¿qué quiero contar de quién?
Si publicitariamente me pregunto ¿qué actitud o pensamiento quiero inducir o cambiar con esta pieza?, a nivel ficción me pregunto ¿qué sensación o sentimiento me gustaría suscitar con este cuento?
Si publicitariamente me pregunto ¿qué frase gancho culmina este spot y cómo dialoga con el postulado inicial del comercial?, a nivel ficción me pregunto ¿cómo termina esta historia de manera circular? ¿El final, está enterrado en el principio como dijo David Mamet? ¿Es un final sorprendente pero inevitable?

Otra herramienta que posiblemente me haya dado la publicidad es la gimnasia de ponerme en los zapatos de voces muy disimiles entre sí. Hay marcas que hablan con un tono solemne, otras son juveniles, técnicas, desfachatadas, formales, etc. Esto aplica para los personajes de una ficción también.

¿Cómo fue que creaste el concepto de Animaladas? ¿Qué te llevó a ahondar en esta temática?

Trabajando de manera completamente anárquica con Matías Lebrante, en un ida y vuelta permanente de cuentos, donde nos corregíamos mutuamente las creaciones de cada uno, caí en la cuenta que dos de los cuentos que más me gustaban (Cerdos y Polillas) tenían puntos en común muy fuertes: temas candentes, problemáticas delicadas y con una metáfora conceptual manifestada a través del nombre de un animal en su título. Todos esos puntos se cumplían a rajatabla en ambos cuentos. Descubierto esto, ya tenía un concepto de obra integral resuelto. Partiendo de esa base, es mucho más sencillo saber qué escribir luego. Ese concepto madre ofició de hoja de ruta totémica que descartaba (o aprobaba) cada idea nueva que aparecía para el libro. ¿Esta nueva idea, tiene un tema fuerte y pone en evidencia un instinto? ¿Responde a una metáfora del mundo animal? «No», descartada. «Sí», exploremos escribirla.

¿Qué nos encontraremos en el libro?

Como bien dice la bajada del titular, «Una antología donde reina la ley de la selva», el libro pretende poner sobre el tapete inquietudes de la vida cotidiana que muestren ese lado más primitivo o basal de las personas. Exponer desde el humor negro, la tragedia, la reflexión o historias de apariencia naif, sentimientos que, aun hoy y con la supuesta distancia de racionalidad, compartimos con los animales.

¿Tienes planes para el próximo libro?

Disfruté mucho escribir Luciérnaga. Un cuento que está basado en una historia real y que incluye un epílogo con una entrevista con alguien que vivió esos hechos en cuestión. Me encantaría hacer un libro que esté compuesto por muchas historias que repliquen ese binomio: cuento + entrevista.  Cuentos que son una ficción verosímil que no necesariamente se corresponde de manera 100% fidedigna con una historia real. Básicamente reinterpretar hechos reales a través de nuevas historias. Algo así como hizo Tarantino con su película Bastardos sin gloria.

¿Algún mensaje para lectores y escritores que nos leen?

En nuestros días, donde la pausa y el habitar las cosas escasean. Donde el ritmo frenético, el zapping, las redes, lo inmediato y descartable se llevan todas las luces, a todo aquel que elija leerme, le quiero decir gracias por dedicarme un momento de su valioso tiempo. Espero que lo disfrute o que se sienta interpelado de alguna manera. Yo disfruté mucho hacerlo. Espero que al lector le pase lo mismo.

Y, si se me permite, a todo aquel que tiene ganas de escribir le digo que lo haga. Y fundamentalmente que sea disfrutable para uno mismo. Pensarse como nuestro propio y primer lector es un buen ejercicio. Si lo disfruté yo mismo, probablemente alguien más lo haga.
Todos tenemos una historia por contar. Y si no la tenemos, la podemos ver en el de al lado. Si afilamos la vista, están servidas en bandeja, esperando a que alguien como ellos las quiera contar.

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